5R en la vida del Músico

Hace unos años leí una lista de 5 conceptos implicados en un proceso consciente de crianza. Hoy me vinieron a la cabeza, y los analicé a la luz de nuestra vida de músicos.
Los conceptos son: Realidad (real life en inglés), ResilienciaResponsabilidad, Relaciones , y Respeto. ¡Vamos a por ellos!

Realidad
Cada uno de nosotros es único. Como músico, cada uno de nosotros es único también. Ser únicos es lo normal, y ser normal es bueno.
Ser normal implica que tenemos derechos y responsabilidades. Significa que a pesar de haber escogido un camino profesional donde ciertas cosas se hacen de manera diferente, no estamos llamados, como una obligación, a hacer todo distinto. Pensar que detrás de nuestro actuar siempre puede ir el “porque somos músicos”, es sin duda una idea errónea.
De estar conectados con nuestra realidad emanan hábitos, orden, tolerancia a la frustración (algo que tanto necesitamos los músicos), relaciones significativas, empatía, solidaridad. Alegría, bienestar psicológico ¡salud mental!

El peligro para los músicos: aislarnos y alejarnos de la realidad. Estar en contacto sólo con otros pertenecientes al “mundo musical” y perder de vista cómo son realmente las cosas. Justificarnos. 

Resiliencia
Es la habilidad para resistir la adversidad y salir adelante. No estoy diciendo “ser de fierro”. Por el contrario, ser frágil y vulnerable es una característica maravillosa del ser humano, y fuente de vida creativa. El tema es levantarse y hacerse cargo, hacer la pega, aunque duela, aunque cueste.
Algunas personas nacen siendo más resilientes que otras. Independiente de eso, la resiliencia es como un músculo y se ejercita. Ese ejercicio se activa cuando experimentamos frustración y fracaso, experiencias que realmente nos sacuden en nuestro interior.
Experimentar adversidad y aprender de ella nos ayuda a ser más compasivos con otros y con nosotros mismos, favorece el auto conocimiento, e incluso en ocasiones, conocer de qué estamos hechos.
¿A quién no le ha pasado que luego de vivir algo difícil o doloroso dice que ha aprendido mucho y que lo ve como una oportunidad? Por supuesto no hay que andar buscando sufrimiento o fracaso, significa que si la vida nos lo presenta, es mejor enfrentarlo y no huir.

El peligro para los músicos: sentir que estas situaciones nos ponen en un rol de víctima, que nos hace experimentar emociones de las que “nos servimos” como artistas. Ver la fragilidad y vulnerabilidad como parte de la (hiper) sensibilidad propia del músico, y sentir que no podremos salir de ahí, aunque queramos. 

Responsabilidad
Un súper concepto que tiene relación con hacernos cargo de aquello que nadie se puede (o se debería) hacer cargo por nosotros. De nuestras responsabilidades, pero también de nuestras actitudes, de lo que decimos, porqué y cómo lo hacemos, de los compromisos que asumimos, y no sólo con otros ¡con nosotros también!
La práctica consciente y constante, nos hace mejores intérpretes. Pero no debemos olvidar que no somos sólo músicos. Nuestra carrera (y nuestra vida) se verá potenciada si además de practicar nuestro instrumento, conquistamos ciertos hábitos que nos aportan salud física y mental, si somos responsables en el manejo de nuestras relaciones laborales, sociales y familiares. Si imprimimos una ética a nuestro trabajo y a nuestra vida, de tal modo que sea una forma de ser y vivir constante, y no sólo un ejercicio temporal.

El peligro para los músicos: pensar que podemos justificar nuestro actuar o decir desde nuestro “genio de artista”, y así alejarnos de nuestra responsabilidad frente a lo dicho o hecho. Enfocar todo desde lo emocional, y justificarse en que es imposible para nosotros tener una “mente fría”. 

Relaciones
Pareciera que los músicos experimentamos las relaciones -al menos las profesionales- de forma diferente. Normalmente nuestra pertenencia profesional la ganamos por medio de concursos, no postulaciones, y ambas tienen un sentido completamente diferente. En ocasiones, podemos estar expuestos a competir de forma descarnada y abierta con quien puede ser nuestro gran amigo.
Sin embargo incluso en las situaciones humanamente más complejas, no podemos perder de vista valores como la honestidad, la solidaridad, la empatía y la compasión. Si hemos ganado o perdido frente a alguien querido, no olvidemos ser empáticos, y actuar con “altura de miras”. Sin importar cuál es el rol que nos ha tocado.
Por último, tener siempre como brújula a la humildad. El fruto de nuestro trabajo, bueno o malo,  siempre es en relación con otros. Incluso en aquellos momentos donde pareciera que todos los méritos son completamente nuestros: ganar el puesto de una orquesta, hacer un lindo solo en medio de un concierto, dirigir con gran maestría un pasaje complejo en medio de un grupo de cámara… nada de esto lo logramos solos gente ¡nada!.

El peligro para los músicos: dar rienda suelta a nuestras emociones en relación con los otros. Cegarnos frente a nuestros valores por privilegiar “nuestra carrera”. La falta de humildad y todas las consecuencias que acarrea.

Respeto
El respeto tiene a la base algo esencial: la realidad. Si bien en los distintos ambientes donde nos desenvolvemos, interactuamos con personas que esperamos sean respetuosas (y es seguro que normalmente lo sean), hay que tener cuidado de no idealizar ni las personas, ni las relaciones. Esto ocurre de manera frecuente cuando establecemos nuevas relaciones, y cuando se produce una “falla” que nos lleva a sentirnos muy desilusionados. No es raro vernos haciendo comentarios del tipo “iba todo tan bien, pero se me cayó…”
El director de orquesta que llegó molesto y repartió algunos retos, el profesor que a pesar de nuestra gran clase no dijo nada especial, el compañero que se rió de nuestro entrada fuera de tiempo. Somos humanos, no santos.
Hasta la persona más digna de admiración por su actuar, comete errores y puede desilusionarnos en algún momento. Aprendamos a poner las cosas en perspectiva, y lo más importante, no idealizar. Es importante ser cuidadoso a la hora de respetar, admirar e idealizar.

El peligro para los músicos: idealizar como personas a quienes son buenos intérpretes (una relación que no siempre se da). Creer que el convertirse en un buen intérprete lo convierte a uno en buena persona. Confundir admiración profesional con admiración personal. 

*Para la construcción de este artículo me he inspirado en el capítulo 1 del libro “A Year of Intentional Parenting: 52 Weekly Vignettes Gleaned from Our Work Guiding Parents in Finding Their Right Way to Parent” de Gail Bell and Julie Freedman-Smith (2014).

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